
El origen. Donde todo empezó: El primer vínculo.
Hay encuentros que no solo cambian tu rutina, sino que redefinén tu propósito. El mío ocurrió hace 17 años, cuando una pequeña bola de pelo de apenas dos meses cruzó mi camino.
En aquel entonces, él era pura explosión de vida. Recuerdo su curiosidad inagotable: no había rincón de la casa que no fuera explorado, ni objeto que no fuera digno de estudio para él. Era un gato inquieto, activo y con una vitalidad que llenaba cada habitación. Su pasión por las pelotillas era casi un delirio; podía pasar horas persiguiéndolas, demostrando una agilidad que me fascinaba.
Y, por supuesto, estaba su relación con la comida. Ese 'delirio' por el alimento, esa forma de pedir y de disfrutar, era una de sus señas de identidad más divertidas.
Verlo hoy, con 17 años, después de haber superado procesos de salud tan delicados hace dos años, me hace reflexionar sobre la importancia del vínculo. Aquel gatito juguetón y glotón es hoy un maestro de la resiliencia y el saberse cuidar. Gracias a él, aprendí a observar lo que no se dice, a intuir la necesidad tras el gesto y a entender que la etología no es solo ciencia, es una conexión profunda.
Él es el corazón de Vincles Mano, y esta es la historia de cómo empezamos a caminar juntos.
